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Absceso corneal profundo refractario: papel de las inyecciones intraestromales en el manejo dirigido.

CMCC | 21 agosto, 2026
Los abscesos corneales profundos representan una de las formas más complejas de queratitis infecciosa, caracterizados por su compromiso estromal profundo y su limitada respuesta a la terapia tópica convencional. Esta condición implica un reto terapéutico significativo, no solo por la dificultad en lograr concentraciones antibióticas efectivas en el sitio de infección, sino también por el alto riesgo de complicaciones estructurales y pérdida visual. Desde el punto de vista fisiopatológico, la arquitectura corneal actúa como una barrera que limita la penetración de fármacos administrados por vía tópica, particularmente hacia las capas más profundas del estroma. Este fenómeno adquiere relevancia en infecciones avanzadas, donde la persistencia del agente infeccioso a pesar de esquemas antibióticos adecuados obliga a considerar estrategias terapéuticas alternativas. El caso clínico reportado ilustra este escenario: un paciente con absceso corneal profundo, posterior a cirugía de catarata complicada, que no mostró respuesta a múltiples esquemas de tratamiento tópico de amplio espectro. A pesar de la cobertura antibiótica intensiva, la evolución clínica fue desfavorable, con persistencia del infiltrado, hipopión y deterioro visual significativo. Este comportamiento refractario es consistente con lo descrito en la literatura para infecciones estromales profundas, donde la biodisponibilidad del fármaco se convierte en un factor limitante crítico. Ante la falta de respuesta al manejo convencional, se optó por la administración seriada de antibióticos mediante inyecciones intraestromales perilesionales, utilizando vancomicina y ceftazidima en dosis estandarizadas. Este enfoque permite una entrega dirigida del fármaco directamente en el sitio de infección, superando las barreras anatómicas y alcanzando concentraciones terapéuticas efectivas en el tejido comprometido. La evolución clínica posterior evidenció una resolución progresiva del proceso infeccioso, tanto en términos clínicos como en estudios de imagen mediante tomografía de coherencia óptica del segmento anterior. Se observó disminución de la densidad del absceso, resolución del hipopión y, finalmente, ausencia de signos de infección activa, con formación de leucoma corneal como secuela estructural. Es importante señalar que, si bien este abordaje resultó efectivo en el control de la infección, no se logró una recuperación visual significativa, lo cual refleja la severidad del daño tisular previo. Este aspecto subraya la importancia del diagnóstico y la intervención temprana en este tipo de patologías, así como la necesidad de establecer expectativas realistas en cuanto a los resultados funcionales. En el contexto actual, las inyecciones intraestromales han demostrado amplia utilidad en el manejo de queratitis fúngica, con esquemas terapéuticos más definidos. Sin embargo, su aplicación en infecciones bacterianas profundas continúa siendo un campo en desarrollo, con evidencia limitada y sin estandarización clara en cuanto a dosis, frecuencia y selección de antibióticos. Adicionalmente, este enfoque no está exento de riesgos. Entre las posibles complicaciones se incluyen la progresión del daño corneal, perforación, diseminación intraocular de la infección y alteraciones estructurales asociadas al procedimiento. No obstante, en escenarios refractarios donde las alternativas son limitadas —incluyendo queratoplastia terapéutica—, las inyecciones intraestromales representan una opción viable y potencialmente resolutiva. En conclusión, el manejo de abscesos corneales profundos refractarios exige un enfoque terapéutico escalonado y dirigido. La administración intrastromal de antibióticos emerge como una estrategia eficaz en casos seleccionados, permitiendo el control de la infección cuando la terapia tópica resulta insuficiente. Su integración en la práctica clínica debe basarse en una adecuada selección del paciente y en la comprensión de sus alcances y limitaciones, consolidándose como una herramienta valiosa dentro del arsenal terapéutico del oftalmólogo.